gem

Una maratón de gotas de lluvia corren contra el papel haciendo estallar la tinta esparciéndola por toda la hoja. Cada vez me era más difícil leer , mientras Gemma delante con esa sonrisa a pesar de la tormenta. Esa sonrisa paradigma de tantos buenos momentos compartidos, dibujaba unas pequeñas arrugas en los ojos mientras estos se escondían y  dejaban ver esos dientes tan blancos. Leí mientras veía como mis amigos y familiares se resguardaban bajo paraguas, chaquetas y cualquier cobijo improvisado que artículo de alcance inmediato podía ofrecer.

El silencio, interrumpido monótonamente por la melodía sorda del repiquetear de las gotas contra la mesa. Las miradas se cruzan con la mía, resoplo y recibo sonrisas tiernas, de apoyo, de cariño. Puedo ver los diferentes tonos de amor en cada uno de ellos. Y finalmente, recibo la mirada de Gemma, tranquila e iluminada, mientras a lo lejos, los árboles nos saludan gracias a la violencia del viento. Entonces empieza a leer .

Una gota recorre mi cara hasta acabar en el dorso de mi mano. Ya no sé si es sudor o simplemente otra gota de lluvia más, pero da paso a una lágrima que me obliga a levantar la cabeza, buscando el movimiento retroactivo, pero ya es demasiado tarde y se desliza lentamente hasta perderse en el abismo.

 

Nos fundimos en un abrazo y puedo sentir la lluvia de forma gratificante ahora, convirtiendo un momento bonito en casi épico, colofón de nuestro cariño mutuo. Nuestros invitados buscan su lugar bajo un árbol y gritan y ríen y nos felicitan bajo el cobijo frondoso de las hojas. Nos miramos y nuestras manos se funden en las del otro.

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